Todo el mundo siente que tiene días fastos y días nefastos. Según diversos calendarios (hebreo, romano e incluso azteca) los hombres tenían estos dos tipos de días, que pertenecían, por supuesto, a los dioses. En los días fastos los hombres se podían dedicar a trabajar y a sus propios asuntos, mientras que en los nefastos antes estaban los deberes para con los dioses que los intereses de los hombres y quien se los saltaba desatendiendo sus deberes para con ellos por atender a sus cosas, había de contar con que no le saldría bien lo que hiciera en ese día.Etiquetas: Ariadna, cosas de la vida, mitología
Borges solía decir -reivindicando el símbolo del laberinto sobre el que tanto gustaba discurrir y, por supuesto, no hablaba del país sino de cuestiones más generales- que si había un laberinto, entonces el hombre estaba salvado pues el laberinto era garantía de arquitectura, en franca oposición al caos. Y esta preferencia borgiana por el laberinto se sostenía aun sin importar si en su centro se hallare el cielo o el infierno.